Carta de los Capitulares paraguayos
Febrero, 2005
Queridos
hermanos de la Federación de Familias en
Paraguay
De
regreso todos los Capitulares que hemos participado en el Capítulo constitutivo
de nuestra Federación Internacional, analizando en forma somera todo lo
acontecido, no podemos sino dar gracias a Dios por tantas bendiciones. Fueron
tantas las experiencias vividas que necesitaremos un cierto tiempo para
asimilarlas todas y darles el cauce que les corresponde.
Pero,
el primer sentimiento es el de gratitud y sano orgullo, porque gracias a la
madurez y generoso aporte de los miembros de la Federación fue posible esta
participación, tal y como estaba programada desde hace mucho tiempo. Con alegría
queremos comentarles que la participación paraguaya marcó pautas en muchos
momentos, aportando ideas concretas muchas de las cuales están expresadas en el
Acuerdo General. Pero también aportó lo más nuestro, aportó el corazón, que
hizo posible vivir un verdadero espíritu fraterno entre tantas personas, de
cultura distinta, de costumbres distintas, pero evidentemente unidos bajo el
signo del amor de la misma Madre y del mismo Padre.
Una
gran satisfacción ha sido, ya desde el tiempo de preparación, el poder
trabajar entre los ocho Capitulares, con total apertura, espíritu de equipo y
conciencia de la enorme responsabilidad que se nos confiara. Nos tranquiliza,
por los resultados obtenidos, el
que hayamos podido transmitir la imagen de un grupo homogéneo, en el que cada
uno aportó lo mejor de sí.
Nos
queda ahora el enorme compromiso de difundir esta nueva visión de nuestra
comunidad, enriquecida por el aporte de hermanos con los mismos sueños y
esperanzas. Nos queda la satisfacción de haber contribuido para hacer realidad
el anhelo de nuestro Padre y Fundador, de regalar a la Iglesia una comunidad
laical matrimonial que muestre al mundo que es posible construir, no sin
dificultades, familias santas.
El
Santo Padre nos dijo, el 20 de Enero en la audiencia privada a los Capitulares:
"¡El futuro de la humanidad se fragua en la familia!. Os habéis dedicado
hasta ahora a comprender de manera profunda el matrimonio y la familia a la luz
de la fe. Es bueno que la familia
sea el carisma de vuestra unión. La familia es una escuela de amor. ¡Transmitid a la gente vuestro entusiasmo por el
matrimonio y la familia! La sociedad tiene en estos momentos más necesidad que
nunca de familias sanas que sean capaces de defender los valores comunes. ¡Si
fortalecemos la sacra institución del matrimonio y la familia en armonía con
el designio divino, el amor y la solidaridad crecerán entre los pueblos! "
Ese
es nuestro anhelo, esa es nuestra oración
Cristina y Julio Giménez
Marucha y Freddy Ratti
Marilyn y Miguel Fuentes
Marité y Ramón Marini
Asunción,
Febrero 2005