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Indice
1.
Contexto histórico de Hoerde
3.
El desarrollo posterior a
Hoerde
a.
La Federación Apostólica (1920)
b.
La
fundación de los otros “pisos”
a.
Los estatutos de 1920 |
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1.
Contexto histórico de Hoerde
La prueba
de fuego para la Congregación Mariana fue la primera guerra mundial
(1914-1918). En los peligros y exigencias de la vida militar tenía que
mostrarse, si el mensaje del 18 de octubre de 1914 se había arraigado en los
corazones de los congregantes soldados.
La
responsabilidad y entrega generosa de los jóvenes en el frente se expresaba
sobre todo en 2 líneas:
(1)
Formaron dentro de la Congregación una nueva organización: la Congregación
Militar u Organización externa. Por supuesto estaba, como siempre,
también el Padre Fundador detrás de esa iniciativa dando apoyo y sugerencias
concretas. También entre los soldados se formaron pequeños grupos. Los que se
encontraron cerca, se reunieron, los otros se escribieron regularmente. Meta de
ese trabajo de grupo no era sólo salvar su vocación sacerdotal a través de
todos los peligros de ese tiempo difícil, sino también querían mantener en
alto la aspiración a los ideales de la Congregación. Y así se animaron
mutuamente en la autoeducación, oración, cumplimiento del deber, etc. - ofreciéndolo
todo como aportes al Capital de Gracias.
(2) La
segunda línea: El espíritu apostólico los movió a conquistar también a otros
compañeros para sus ideales. Pronto se formaron dentro de la “Organización
Externa” nuevos grupos, cuyos miembros ya no eran estudiantes de los
pallottinos. El 30.05.1915 fueron admitidos los primeros “externos” en la
Congregación.
Para que
esa organización tuviera vida suficiente, se dio mucha importancia al contacto
epistolar con Schoenstatt, sobre todo con el Padre Kentenich. Él mismo
escribió, en aquellos años innumerables cartas a sus congregantes en el
frente.
Otra
decisión importante y de mucha trascendencia fue la de sacar una revista
propia. El 05.03.1916 apareció el primer número de la “Mater Ter
Admirabilis” (MTA). Los primeros números tenían una tirada de 200
ejemplares; un año más tarde ya eran 1000 y medio año después 2000. Este éxito
numérico indica que la revista fue leída por mucha gente que no eran
schoenstattianos. No pocos de ellos se acercaron y se incorporaron a la
Congregación Militar de Schoenstatt.
En este
contexto podríamos hablar también de los congregantes héroes que son
los ejemplos luminosos de ese tiempo y de esa generación: José Engling, Máximo
Brunner, Juan Wormer, etc. (cf. Se trata de ti II, 9-13)
Al
terminar la guerra en l918 y al volver los congregantes a Schoenstatt, a sus
colegios o a sus casas, se disolvió la Organización Externa. Quedó la
pregunta, si los estudiantes externos se darían por satisfechos con ello o si
no buscarían más bien la forma de continuar con Schoenstatt y de darse una
nueva organización.
El Padre Fundador no tomó ninguna iniciativa sino quedó esperando. Quería que los mismos congregantes externos tomaran la iniciativa y se sintieran ellos mismos los primeros responsables. Cuando ello se dio, el Padre les apoyó autorizándoles que prepararan una jornada: Hoerde, 19/20.08.1919. No se podía hacer en Schoenstatt, porque se encontró en la zona ocupada y la entrada era muy difícil.
2. La Jornada de Hoerde ¿Por qué el Padre Fundador no habría querido participar de la jornada? Comentario del mismo Padre Kentenich (1950): "Yo tenía que ir a Hoerde, pero en el último momento me disculpé. Me guía siempre la misma idea: el hombre nuevo tiene que asumir responsabilidad, tiene que ser autónomo".
3.
El desarrollo posterior a Hoerde
a)
La Federación Apostólica (1920). El resultado de la jornada
de Hoerde fue para el Padre la prueba de que Dios allí le quería abrir una
puerta nueva. Por eso tomó en sus manos, de nuevo, el desarrollo de la joven
Federación. El 6 y el 20 de noviembre del mismo año 1919 les mandó a los
jefes de grupo dos cartas con instrucciones claras y el programa del
“realce solemne de la vida interior”.
Además,
el superior de los Pallottinos, el Padre Miguel Kolb, ponía una
confianza absoluta en el P . Kentenich. Lo liberó de las otras tareas y lo puso
a disposición de la Federación naciente.
También
entregó el Santuario y parte de la “Casa Antigua” (al costado del
Santuario) a la Federación Apostólica para su uso permanente.
Para los primeros días del año 1920, el Padre invitó a los jefes de grupo de la Federación a una jornada en Schoenstatt. (Cf. Jornada de Hoerde, 54ss.). Durante ese mismo año el Padre Fundador realizó otras 7 jornadas para la Federación naciente: un programa bien lleno para el primer año de vida.
b)
La fundación de los otros “pisos” del movimiento.
Hacia el fin de la guerra ya habían venido también jóvenes no estudiantes que
se querrían unir a la Congregación, pero sin grupo, como miembros
individuales. Decisiva fue una de las jornadas para jefes de la Federación
Apostólica, la del 19/23.08.1920. En esa jornada se fundó la Liga Apostólica.
El nombre
Liga viene de una iniciativa semejante de aquel tiempo, pero que después no
prosperó: la Central de la Congregación Mariana en Viena intentaba juntar a
los congregantes que estaban solos en una organización que se iba a llamar
“Liga Mariana”.
Con esta
fundación el Padre Kentenich permitió el acceso a la obra de Schoenstatt también
a aquellos que no podían o no querían asumir las exigencias comunitarias de la
Federación.
Poco
después de la jornada, el Padre elaboró los Estatutos definitivos de
Federación y Liga. En ellos se les dio a las dos comunidades juntas el nombre
de Movimiento Apostólico de Schoenstatt.
Con ello
ya existían dos organizaciones fundamentales del Movimiento: Federación y
Liga. Sin embargo, pronto se vio que la construcción no estaba todavía
terminada y que el plan divino había aún previsto un tercer piso: los
Institutos.
En este
mismo año 1920, las primeras mujeres se interesaron por entrar en
Schoenstatt. El Padre Kentenich, después de un tiempo de reflexión, las aceptó
y comenzó la Liga y poco después la Federación para el sexo femenino. El
08.12.1920 se consagraron la condesa Gertrudis de Bullion y otra señorita
pariente suya, como primeros miembros de la Federación de Señoritas.
Al crecer
estas comunidades con mucha fuerza, surgió cada vez más la pregunta: ¿Quién
puede dedicarse de lleno a la formación y conducción de la Liga y
Federación femeninas? Por otra parte, el Padre Fundador sentía que las
circunstancias del tiempo llamaron con urgencia por una nueva forma de
comunidad.
La idea
del Padre fue sacar a algunas mujeres de la Federación de su profesión y
ponerlas a disposición plena de la obra.
Pero
sacarlas de su puesto seguro - casi todas eran maestras - iba a ser un gran
riesgo y, por eso, el Padre lo meditó durante mucho tiempo. El 13 de enero de
1925 se fundó con tres señoritas la pequeña comunidad, que al comienzo se
llamaba: “Comunidad de las Hermanas de la Federación por profesión”. Un año
más tarde (01.10.1926) se convirtió en el primer Instituto: las Hermanas
Marianas o Hermanas de María de Schoenstatt.
En 1942,
en el campo de Dachau, se colocaron los fundamentos del Instituto de los
Hermanos Marianos. En 1944 el Instituto de los Sacerdotes Seculares y el de las
Señoras de Schoenstatt (Darmi) nacieron a una vida autónoma, siempre conforme
a la misma ley de la puerta abierta.
Hoy
existen en Schoenstatt 6 Institutos: se agregaron en los últimos años, a los
ya nombrados el Instituto de las Familias (1963)y el de los Padres de
Schoenstatt (1965).
c)
La federación desde 1921. Mientras tanto, también la
Federación de los estudiantes creció con rapidez sorprendente. Sobre todo entró
en muchos seminarios diocesanos y, cuando éstos se ordenaron sacerdotes, en el
clero secular. Ya en el año 1920, el Padre Fundador tuvo que organizar la
Federación a nivel regional (Gau); hasta ese momento sólo existían
grupos y secciones (varios grupos, con un jefe de sección). Estas regiones se
iban formando, por lo general, siguiendo los límites de las diócesis
Una estadística
el junio de 1923 indica que la Federación existía en aquel tiempo como
región en 8 diócesis y tenía alrededor de 750 miembros: 2/3 de ellos eran
hombres y 1/3 mujeres.
En todos
estos años, el Padre Fundador inculcaba y educaba a su gente especialmente para
la autonomía, la responsabilidad y la libertad interior. La Federación
tenía que ser obra de ellos.
Dos
expresiones de aquel tiempo lo iluminan. Los miembros de la Federación se
identificaron tanto con su comunidad que empezaron a decir: “La Federación
soy yo”. Otro dicho que surgió entre los primeros fue: “Por la Federación
me dejo crucificar”.
1. Los estatutos de 1920. Como ya sabemos, los Estatutos han sido redactados y, en parte, reelaborados en el año 1920, después de la fundación de la Liga, por el mismo Padre Fundador. En lo que se refiere a la Federación Apostólica, se basan en los Estatutos que fueron aceptados en Hoerde. Pero se notan algunos cambios, por una parte seguramente frutos de las experiencias vividas durante el primer año y, por otra parte, indicaciones y convicciones del mismo Padre - ya que él en Hoerde no estaba presente. También desde 1920 hasta hoy se han dado otras pequeñas modificaciones, sobre todo en lo organizativo. Pero lo básico - por ejemplo las exigencias - se ha mantenido igual desde Hoerde hasta hoy.
Vamos a
ver ahora algunos detalles, para conocer más a fondo la idea del Padre sobre la
Federación Apostólica. Para ello, tomamos los Estatutos de Hoerde y de 1920
como punto de partida, pero tomando en cuenta también aspectos y desarrollos
nuevos que el Padre agregó a lo largo de los años.
2.
La finalidad de la Federación Apostólica
Hoerde:
“La
finalidad de la Federación es la educación de apóstoles laicos formados en el
espíritu de la Iglesia”.
1920:
“El
fin de la Federación Apostólica es la formación apostólica de líderes católicos
(...) en el espíritu de la Iglesia y en estrecho contacto entre sí”.
1927/1950:
La Federación Apostólica es “una comunidad de jefes, libre, moderna,
dispuesta como ejército en pie de batalla, inserta en el mundo, la que en
estrecha unión con la jerarquía de la Iglesia, en el espíritu de los Consejos
Evangélicos, se esfuerza por la conformación mariana del mundo en Cristo,
desde Schoenstatt”.
Breve
explicación de la finalidad (definición)
Comunidad:
“La comunidad es lo característico, el signo distintivo de la Federación
Apostólica”. A diferencia de la Liga Apostólica, en la Federación Apostólica
la comunidad estrecha es obligatoria. Sin ella es difícil aspirar durante toda
una vida a la santidad más alta y cultivar permanentemente el espíritu apostólico.
Por eso
tiene la Federación un seguro en lo comunitario: el informe mensual (Actual
Aviso) al jefe de grupo, si uno ha cumplido o no con la cuenta (Actual Informe)
al confesor sobre Horario Espiritual y Examen Particular.
Afirma el
Padre Fundador: “El espíritu comunitario es lo esencial de la Federación. Y
la Federación cumplirá su misión en la medida en que cultive el espíritu de
comunidad.” (Prinz´lehre, 99)
Jefes:
No es necesario que los miembros de la Federación tengan un puesto, una tarea
de dirigentes. Pero tienen que tener espíritu de jefe, actuar con mentalidad de
jefe. ¿Qué significa espíritu de jefe?
Para el
Padre, no es lo más esencial saber hablar, saber conducir. Más importante le
parece ser fermento en el ambiente en el cual uno vive, también ser fiel a sus
principios y convicciones. Dice el Padre: “Capacidad de jefe es, en lo más
profundo, firmeza de carácter”. En otra oportunidad explica lo que, para la
Federación Apostólica, es conciencia de jefe: “Una entrega inquebrantable a
la idea de la comunidad; una capacidad más que mediana en el campo donde deba
desempeñase como jefe; una entrega afectuosa a las personas que le han sido
confiadas”. (cf. Reflexiones para un jefe. Padre Jaime Fernández).
La
Federación Apostólica es una comunidad de élite, como el Instituto. Por eso
tiene que ser un caso preclaro para los demás, especialmente para la Liga
Familiar.
Apostólica:
La otra gran característica de la Federación es el apostolado. Los Estatutos
de 1920 hablan de “Actividad apostólica permanente en todos los ámbitos
alcanzables...”
La
Federación Apostólica tiene una responsabilidad especial por Schoenstatt (en
primer lugar por la Liga de matrimonios),la Iglesia y el mundo. Su meta apostólica
es “la conformación mariana del mundo en Cristo”. Por eso le es propia una
fuerte y marcada conciencia de misión.
El primer
apostolado se refiere a la propia familia y al hogar: la realización del ideal
matrimonial y familiar schoenstattiano, modelo de la familia cristiana. En
segundo lugar está la construcción y el cultivo de la propia Federación: la
educación del Hombre nuevo y la forjación de la nueva comunidad
La
Federación, junto con el Instituto de Familias, forma parte de la pars motrix
(parte motriz) de la Obra.
Libre y
moderna: Lo novedoso de la Federación Apostólica es que está construida en
base al principio: Vínculos sólo en cuanto sean necesarios, libertad en cuanto
sea posible, y un gran cultivo del espíritu. En esto hemos de buscar también
una diferencia esencial entre la Federación Apostólica y el Instituto. El
Instituto tiene vínculos jurídicos: Sus miembros se comprometen a la
obediencia, a la fidelidad bajo pecado. Los miembros de la Federación Apostólica
se comprometen a través de vínculos ascéticos interiores (pero no bajo
pecado). Por eso, en la Federación tiene tanta importancia el cultivo de la
verdadera libertad, de la magnanimidad y de la interioridad.
Dispuesta
como ejército en pie de batalla: Una comunidad educada, formada,
ordenada, disciplinada, - que puede entrar en combate donde y cuando sea
necesario.
Inserta
en el mundo: Vivimos no en un convento, sino en medio del mundo. Por
eso hemos de levantar muros interiores, espirituales a nuestro alrededor. Hemos
de impregnar nuestro ambiente con una atmósfera religiosa. Hemos de buscar el
rostro de Dios detrás de todos los acontecimientos y cosas del mundo y vivir en
permanente vinculación a Él.
Con
la Iglesia: Schoenstatt y la Federación Apostólica asumen la misión
apostólica de la Iglesia; quieren ser una comunidad de jefes para la Iglesia.
Schoenstatt no está al lado o fuera de la Iglesia, sino forma parte integrante
de ella. Schoenstatt quiere ser el Corazón, es decir, el poder de amor en la
Iglesia.
En
el espíritu de los Consejos Evangélicos: Por aspirar a la más alta
santidad, la Federación Apostólica cultiva el espíritu de los Consejos Evangélicos:
obediencia (espíritu de libertad interior y docilidad frente a los deseos de
Dios y sus transparentes humanos), pobreza (espíritu de sencillez interior e
independencia frente a los bienes materiales), castidad (aceptación de los
derechos y deberes matrimoniales tal como la Iglesia lo enseña) y se elabora en
esa línea su propio estilo de vida.
Mariana:
Nuestro camino hacia la santidad pasa por María. “Cada miembro de la Federación
tiene que ser un hombre acentuadamente mariano”, indica el Padre Fundador.
Desde
Schoenstatt: Nuestra vinculación al lugar de Schoenstatt, la fuente de gracias,
es fundamental: por la mucha libertad y el mínimo de vínculos obligatorios. Es
como la garantía de nuestra vitalidad y fecundidad.
Desde Schoenstatt significa también, en la fuerza de la espiritualidad de Schoenstatt. Eso implica, conocer bien el mundo de Schoenstatt (formación), vivir Schoenstatt (Alianza, Poder en Blanco, Inscriptio, relación al Padre Fundador, aspiración a la santidad, etc.) y proyectar Schoenstatt (misión, carisma)...
5.
Las exigencias de la Federación Apostólica
Hoerde/1920
a)
En lo ascético: Para apoyar la seria aspiración a la máxima
perfección posible: la Federación Apostólica exige de cada miembro:
(1)
Horario Espiritual y Examen Particular (Propósito personal), controlados
diariamente por escrito.
(2)
Tener un confesor fijo / estable (Director Espiritual).
(3)
Darle a éste cuenta mensual (en ocasión de la confesión) sobre el
cumplimiento del Horario Espiritual y del Examen Particular.
+
Cada Federación Territorial podría agregar otras exigencias; por ejemplo:
Asistencia al retiro anual de la Federación, etc.
b)
En lo comunitario
(1)
Comunicar mensualmente al matrimonio - jefe del grupo de la Comunidad
oficial ficial) si dieron cuenta al confesor sobre el Examen Particular y el
Horario Espiritual. Los matrimonios jefes hacen lo mismo, acerca de ello y sus
respectivos cursos, a los matrimonios-jefes regionales; éstos, de la misma
manera, al matrimonio-jefe territorial.
(2)
Más tarde, en base a las experiencias de los Institutos, el Padre
Fundador agregó otra obligación comunitaria: la pertenencia perpetua a un
Curso que con su ideal, vida y actividades es responsable de mantener y
profundizar el espíritu de la Federación.
c)
En lo apostólico. Actividad
apostólica permanente en todos los ámbitos alcanzables, en dependencia de los
responsables correspondientes.
d)
Consejos Evangélicos. Las experiencias de los años
posteriores le han convencido al Padre Fundador de la necesidad de desarrollar
costumbres de vida, que reflejan en forma preclara el espíritu de los Consejos
Evangélicos.